La salud mental es el gran problema de Europa, y España ya lo está pagando caro

Un fantasma recorre Europa, y no es el comunismo, sino el de las enfermedades mentales. Es el gran reto al que se enfrenta la región, según el informe ‘Health at a Glance: Europe 2018‘ que acaba de ser publicado por la OCDE. En el año 2016, uno de cada seis habitantes de la región tuvo algún problema de esta índole, y el año anterior, más de 84.000 personas murieron por esta razón (suicidios incluidos) en toda la zona. El deterioro de la salud mental de los europeos es imparable, y a pesar de que algunos países como España han preparado planes para combatir el problema, las medidas aún están lejos de alcanzar el objetivo ideal.
No solo el bienestar de los individuos se está resintiendo, recuerda el informe, sino también la estabilidad económica de los sistemas de seguridad social, que cada vez destinan más recursos a frenar estos problemas y todos sus efectos negativos indirectos. Según los cálculos de la OCDE, el coste total de los problemas de salud mental en nuestro país es de un 4,2% del PIB, el equivalente a 45.000 millones de euros. Una cantidad aproximada a lo que nuestro país invierte en educación. El problema es que alrededor de una tercera parte de dicho gasto (18.000 millones) está relacionada con externalidades negativas del contexto español de alto desempleo y baja productividad.
La enfermedad mental por excelencia en España es la ansiedad, con un porcentaje del 6%, únicamente superada en Países Bajos y Noruega
Es la pescadilla que se muerde la cola: las personas que tienen empleo suelen mostrar niveles de depresión más bajos que el resto o mejoran su salud después de obtener trabajo; al mismo tiempo, aquellos que tan solo han estudiado la Secundaria tienen más probabilidad de sufrir depresión crónica que los que disfrutan de un nivel educativo más alto. España no es que destaque ni por una cosa ni por la otra. Nuestro país tiene uno de los niveles de paro más altos de la región, con un 14,9% frente a la media europea de un 7,1%. Además, es uno de los paísescon mayor porcentaje de población sin educación Secundaria superior, alrededor de un 34%. Datos que repercuten en nuestra salud mental.
La enfermedad mental por excelencia en España es la ansiedad, con un porcentaje del 6%, únicamente superada en Países Bajos y Noruega. Es uno de los problemas que son más habituales entre las mujeres, al igual que la depresión o los desórdenes bipolares, aunque el informe sugiere que esta diferencia puede deberse a que ellas son más propensas a informar sobre sus problemas y buscar tratamiento. La excepción es el abuso de alcohol y drogas, que suele afectar más a hombres. En España, se encuentra en un 2%, uno de los porcentajes más bajos de la eurozona: tan solo es inferior en Italia, con un 1%.
El nuestro es uno de los países donde el número de suicidios es más bajo, algo que también ocurre con otros países del sur de Europa como Grecia, Italia, Chipre y Malta. Al contrario de lo que ocurre con otros problemas de salud mental, los hombres son más vulnerables: de media, su número de suicidios es 3,7 veces mayor que el de las mujeres, una diferencia incluso más acentuada en países como Polonia, Rumanía y Estonia. Aunque la posibilidad de acabar con la propia vida se incrementa a medida que aumenta la edad, entre los jóvenes de 15 a 24 años, el suicidio es la principal causa de muerte después de los accidentes de tráfico, especialmente entre aquellos que provienen de familias donde han existido problemas de adicción alcohólica o de drogadicción. Las campañas de prevención funcionan: el suicidio entre adolescentes ha descendido significativamente en países como Finlandia.
La carga económica —tanto directa como indirecta— de estos problemas de salud es cada vez mayor. En total, en toda Europa se destinan más de 600.000 millones a este concepto, lo que equivale a un 1,3% del PIB en gasto directo, un 1,2% en programas de seguridad social y un 1,6% en costes indirectos, que se traducen en una menor productividad y un mayor desempleo. Incluso en ese caso, hay muchos costes alternativos que aún no se cuantifican, como la economía sumergida de cuidadores que no forman parte del registro general. Entre los costes directos se encuentran los tratamientos y las prestaciones de desempleo, enfermedad o discapacidad.
Somos el país con una mayor esperanza de vida: 83,5 de media en 2016, dos y medio más que en el resto de la Unión Europea, que se encuentra en 81
El área gris es la de los costes indirectos que emanan de la epidemia de enfermedades mentales. Estas dificultan tanto el acceso como la continuidad del individuo en el mercado laboral, al mismo tiempo que disparan el absentismo y el presentismo. Un gran número de los pacientes con depresión, ansiedad u otros problemas mentales dejan de trabajar, y algunos de los que no lo hacen “no funcionan a pleno rendimiento y por lo tanto pueden ser menos productivos”. El porcentaje arrojado por la OCDE es del 6%. Al informe no le tiembla el pulso al calcular que las 50.000 muertes prematuras de europeos en edad de trabajar durante el año 2015 restaron a la economía 640.300 horas productivas, traducidas en unos 22.000 millones de pérdidas.
De lo que sí podemos estar orgullosos es de ser el país con una mayor esperanza de vida: 83,5 años de media en 2016, dos y medio más que en el resto de la Unión Europea, que se encuentra en 81. Sin embargo, al igual que ocurre con el resto de países de nuestro entorno, la velocidad de crecimiento de este dato se ha ralentizado durante los últimos años, especialmente entre las mujeres. El trabajo recuerda que el crecimiento ha sido apenas de medio año entre 2011 y 2016, los años de la crisis, mientras que entre 2001 y 2011 la tasa aumentó entre dos y tres años.
El estudio llama la atención sobre una tendencia que afecta a varios países como el nuestro: el paulatino aumento de los tiempos de espera desde 2011 para determinadas operaciones quirúrgicas, como el reemplazo de cadera o las operaciones de cataratas. La razón, un incremento de la demanda causada por el envejecimiento de la población que no se ha visto correspondida con una oferta en consonancia. En España, la media de tiempo de espera para una operación de cataratas se encuentra entre tres y cuatro meses, y entre cuatro y cinco meses si lo que se desea es un reemplazo de cadera. Hay dos vías para acabar con ello: o garantizar a través de distintas medidas que los plazos prometidos se cumplen o derivar los pacientes a otras alternativas, como la sanidad privada.
El gasto de España en sanidad (un 8,8% del PIB) sigue siendo inferior a la media europea (9,6%), a una distancia aún mayor de países como Francia (11,5%) y Alemania (11,3%). Los Presupuestos para 2019 presentados por el PSOE prevén una congelación de dicha cantidad de cara al próximo año. Como recuerda el informe, al igual que ha ocurrido en otros países europeos como Italia o Francia, “el gasto en sanidad en relación al PIB se ha mantenido estable durante los últimos años, y ha crecido más o menos al mismo ritmo que la economía”. Un alambre sobre el vacío que hace fácil caer a los miles de personas que necesitan asistencia médica.
SEGÚN ‘HEALTH AT A GLANCE: EUROPE’, DE LA OCDE
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