Medios de comunicación en la campaña electoral dominicana

Por:  - miércoles 10 junio, 2020

Por Agustín Cortés Robles

La República Dominicana, igual que otras naciones del mundo, posee una infraestructura de medios de comunicación análogos, híbridos y digitales creados para informar, entretener, y promocionar bienes y servicios de interés colectivo.
Para un país tan pequeño en población y dimensión territorial, contamos con una exagerada plataforma de medios, que a decir de muchos estudios que examinan esa realidad, superamos a naciones hermanas que poseen un mejor perfil económico, mayor población y mayor territorio que nosotros.

Es más, me han comentado algunos colegas en eventos internacionales de la cuestión comunicación, que tenemos tantos medios de comunicación para un territorio y una población tan pequeña, que no entienden como estos se mantienen activos, pagan su personal y arrojan la obtención de beneficios al final de cada periodo fiscal.
Llegan a externarnos otras inquietudes tan inverosímiles como las referidas a los receptores para descodificar tantas señales en un espectro radioeléctrico tan saturado como el nuestro.

Una y otra vez tengo que decirles que desde el exterior esas estadísticas lucen espantosas, y que realmente lo son, pero para bien o para mal, yo diría que para bien, cada dominicano se cree con el derecho de poseer su propio medio de comunicación, lo que en buen dominicano se traduce a que cada persona, familia, grupo cultural, partido político, sociedades económicas y empresariales, educativas, entre otros, desean ser escuchados y valorados.

Mirando retrospectivamente ese interés por poseer cierta incidencia en el país a través de los medios de comunicación, recordemos que esa transformación se percibe luego de decapitada la dictadura trujillista el 30 de mayo de 1961.
Durante 31 años la población dominicana sólo tenía acceso a los contenidos programados en los escasos medios de comunicación de esa época, por el aparato político que dirigía ese sangriento régimen.

A partir de ese trascendente momento político nacional, el aumento de los medios radiofónicos, impresos y televisivos se hizo evidente y constante, toda vez que el renglón publicitario era más atractivo para empresas y empresarios que deseaban dar a conocer rápidamente a la sociedad consumidora, los bienes y servicios que sacaban al mercado.

Esa metodología comercial de nuestros medios, copiada de otros países más avanzados del continente y el mundo, se mantuvo casi inalterable hasta concluir la década 80 del pasado siglo veinte. A partir de ese momento los medios de comunicación se convierten en una herramienta de primer orden en la vida política del mundo, y nuestra Nación no queda excenta de esa realidad.

Grupos políticos partidistas enquistados en el poder gubernamental, inician una cruenta lucha por el control del espectro radioeléctrico en todas sus dimensiones. Empresarios independientes o comprometidos con ciertas tendencias políticas, invierten cuantiosas sumas económicas en el sector con la intención de mantener la hegemonía mediática sobre toda la población, o una parte significativa de la misma.

Cadenas enteras de medios pasan a formar parte de los intereses económicos de clanes familiares, empresariales y políticos. Lo interesante al concluir la década 90 del siglo veinte y al inicio del siglo veinte y uno, no es la colocación publicitaria tradicional, el detonante mediático en ese momento es la publicidad orientada a vender, mercadear en la población votante, figuras políticas.

Como dije anteriormente, cada dominicano entiende que debe poseer su propio medio de comunicación, sea o no periodista de profesión, sea o no locutor, cronista deportivo, cronista de espectáculos, sea o no analista de temas políticos, históricos, económicos y sociales. Lo importante para un amplio segmento de nuestra población es tener la oportunidad de decir las cosas que cree importantes sobre su vida, la familia, su pueblo, el sector donde reside, y de cómo esos criterios se reflejan en la habitualidad nacional.

Favorablemente, la revolución tecnológica que en estos tiempos estamos viviendo, convirtió en realidad ese viejo y permanente deseo de la Sociedad Dominicana. Pero no solo de la nuestra, si no de la población mundial, que en estos momentos alcanza los 7, 700 millones de habitantes aproximadamente.
De esa cantidad, 4, 100 millones tienen acceso a internet, según la Unión Internacional de las Telecomunicaciones, lo que equivale a un 53.6% del total de habitantes del planeta.

Indudablemente , que esa inmensa plataforma multimedia ha llegado para democratizar y modificar contundentemente la forma de hacer comunicación con posibilidad de incidir en ciertos espacios poblacionales. Hoy podemos decir que para bien o para mal, y repito para bien, cada internauta puede ser director, editor, diseñador, vendedor, programador, conductor, analista, y periodista de su propio medio de comunicación.

El escenario mediático en el país ha cambiado radicalmente. Ya la Sociedad Dominicana no espera cada mañana los editoriales de Don Rafael Herrera en el Listín Diario, ni los de Juan Emilio Ornes en El Caribe, o los de Don Radhames Gómez Pepin en El Nacional, para enterarse de hechos trascendentes de la vida política, económica , cultural, y educativa nacional e internacional.
En estos momentos el país posee 2 millones de usuarios con acceso a internet, y cada uno de ellos, con muy contadas excepciones, hace público su propio editorial. Esta obra literaria y creativa que en en los medios siempre asume el director del mismo por antigüedad en el ejercicio, o por su reputada capacidad intelectual entre sus colegas, la escribe cualquier comunicador de reciente graduación, creativo publicitario, mercadologo, ingeniero, arquitecto, médico, o historiador. Pero también un dirigente deportivo, ama de casa, locutor, animador sociocultural, actor, bailarín, y un largo e interminable conjunto de profesiones, técnicos, y artesanos que han encontrado en las nuevas y dinámicas plataformas multimedia la mejor forma, y al precio más bajo del mercado, de dar a conocer sus cualidades, así como los productos y servicios que ofrecen.

Como es de conocimiento público, la población dominicana alcanza los 10 millones de habitantes en estos momentos. De ese total, 7 millones 500 mil aproximadamente, tiene derecho al voto el próximo domingo 05 de julio, según datos de la Junta Central Electoral.
Como hemos visto en los últimos procesos electorales en el país, la batalla campal no solo se libra en los barrios y ciudades de la Nación. Los políticos a tiempo completo desean cambiar a su favor la percepción de cada votante, y los medios de comunicación, y quienes ejercen en ellos , son claves para conseguir ese objetivo.

Desde los procesos electorales 2012 y 2016, esa tendencia mediática se hizo evidente a grado superlativo. Aumentó la concentración de medios en pocas manos, y se garantizó el alquiler permanente de voces creíbles en estas estructuras, de forma que las acciones indebidas de ciertos funcionarios del gobierno pasaran como sencillas e inofensivas ante el despilfarro y saqueo inmisericorde al erario público. De igual forma se incluyó en el paquete no revisar las ejecutorias gubernamentales de Hipólito Mejía y Leonel Fernández. De esa forma, unos y otros en el ejercicio del poder, actuaban como clanes y grupos mafiosos en contra del desarrollo sostenido de la Nación.

Favorablemente, la población dominicana ha hecho un uso apropiado de las plataformas multimedia para dar a conocer sus inquietudes, a las que también ha agregado sus preocupaciones políticas, económicas y sociales en los últimos cuatro años. Hoy, en el último mes de la campaña electoral los medios propiamente digitales, los híbridos, y los tradicionales, están constantemente sometidos a la presión de quienes detentan el poder político de la Nacion. En esa amalgama multimedia en manos de una parte de la población votante o no, se lucha a brazos partidos para contrarrestar la avalancha de historias maquilladas vertidas por verdaderos corsarios y piratas de la cosa pública dominicana.

Gracias a esa lucha titánica que en las plataformas multimedia libran en estos momentos un conjunto de hombres y mujeres, con más conocimientos tecnológicos que periodísticos, se ha edificado la generación actual y la siguiente,sobre el robo descarado que cada grupo político enquistado en el poder, ha llevado a cabo en los últimos 24 años de vida Republicana.

Con todo y el amplio poder económico y mediático que posee el empresario Pepin Corripio, las aves de rapiña del gobierno, asignadas de manera permanente en cada medio de comunicación, llamaron poderosamente su atención para que variara, y acomodara a los intereses del partido en el gobierno, la línea editorial e informativa de sus medios de comunicación. Esas ratas vividoras del sudor ajeno, pues cobran exhorbitantes sumas económicas de los impuestos que paga el pueblo, creyeron y siguen creyendo que con callar al zar de los medios de comunicación del país, callaban la Nacion entera.

Cuán equivocados están y continúan estando esos auto llamados estrategas políticos, de campaña, de imagen, de marketing, pues la línea editorial e informativa de los medios que más inciden en la Sociedad Dominicana hace unos años qué pasó de una cabeza a otra, del poder familiar particular al colectivo, y del poder económico oligárquico, al poder popular y chiripero de la economía.

Continúen atacando a Pepin Corripio, y cualquier medio de comunicación que no sea de su nefasto plan de Nación. Mientras tanto tengan muy presente que cada día, en cualquier lugar del territorio nacional, sin pago alguno, pero armados de una férrea voluntad de servicio a la Patria, están más de un millón de periodistas digitales, certicados o no, cuya misión cotidiana es desmentir la basura noticiosa que ustedes dicen por encargo.

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